INSTITUCIÓN EDUCATIVA ESCUELA NORMAL
SUPERIOR FARALLONES DE CALI
CAPÍTULO 3: EL MODELO PEDAGÓGICO
3.1. EL SENTIDO DE LA EDUCACIÓN , EL SENTIDO DE LA FORMACIÓN
El Modelo Pedagógico de la Escuela Normal Superior, busca promover condiciones para la construcción de procesos escolares que trabajen en la búsqueda de una formación integral de excelencia[1]. En tal sentido acoge la educación de sus maestros y de sus futuros egresados de la manera como lo plantea Pestalozzi “educar cabeza, corazón y manos”. Hacer realidad esta idea en la institución implica crear condiciones para que sus egresados tengan oportunidad, desde el preescolar hasta el Programa de Formación Complementaria, de educarse integralmente, por la vida y para la vida, a partir del cultivo de sus facultades, y de la disposición del corazón, del espíritu y del poder de cada cual, de acuerdo con su naturaleza. En otros términos, apunta al desarrollo de la persona, de su inteligencia, de su afecto y de las habilidades y competencias requeridas para la vida y el trabajo.
El concepto sobre educación de Pestalozzi abarca el desarrollo armónico del niño bajo la orientación de los padres, en especial de la madre, o del maestro, a través de una obra gradual y progresiva cuyo “... fin último (...) no es la adquisición de hábitos de obediencia ciega y de diligencia prescrita, sino una preparación para la acción independiente”[2] Es el desarrollo de su conciencia en armonía con el mundo exterior e interior, es la posibilidad de ser educado moralmente en sus deberes y en sus derechos, es conducirlo a pensar autónomamente, utilizando para ello el conocimiento. Pestalozzi hace alusión a los derechos y deberes del hombre y su relación con el conocimiento y el raciocinio, poniendo de presente la importancia de educarlo para hacer de él un ser humano útil a la sociedad, utilidad que está en función de su independencia moral e intelectual, de la posibilidad que haya de preguntarse por las razones que orientan su educación, y por la difusión de lo que concibe como conocimientos útiles.[3]
Reconocer la importancia del desarrollo de la razón, del afecto y del deseo, en el ser humano, convoca a los maestros de la Normal Superior a trabajar para crear condiciones para llevar a cabo una educación fundamental para la vida. Es decir, garantizar que el futuro maestro tenga una formación en Pedagogía y, particularmente, en la formación para su desempeño en la Educación Preescolar y la Básica Primaria , una identificación sólida con su profesión, la capacidad para dialogar con las ciencias y la tecnología, con la cultura, una formación ética y moral, y un conocimiento básico de los problemas educativos y pedagógicos que aquejan a los Niveles De Preescolar y de Educación Básica Primaria.
El concepto de formación en el modelo adoptado por la institución también se alimenta de las ideas propuestas por Hans Georg Gadamer, quien la concibe “tanto (como) el proceso por el que se adquiere cultura, como esta cultura misma en cuanto patrimonio personal del hombre culto.”[4]. La formación, así pensada, alude a la posibilidad del ser humano de superar su condición natural, “... de asumirse como miembro de un mundo que se constituye en el lenguaje y en las costumbres; no para ser transmisor acrítico de una cultura (o “la” cultura), sino para generar permanentemente espacios de crítica y decisión de nuevos rumbos en ese mundo en el que nos reconocemos, pero que es susceptible de afrontar de mejor manera viejos y nuevos retos. El proceso de formación es permanente, exige una “enajenación” en cuanto se reconoce a sí mismo en el otro para aprender a aceptar la validez de otros casos y hallar nuevas perspectivas para aprender...”
En concordancia con lo anterior, el modelo pedagógico de la Normal Superior pretende formar a sus egresados, “para la mayoría de edad” de acuerdo con lo propuesto por Enmanuel Kant;[5] es decir, crear condiciones para “... la salida del hombre de su condición de menor de edad...” Esto implica, servirse de su propio entendimiento sin la dirección de otro, ser capaz de tomar decisiones, asumir las consecuencias de sus actos, tener un punto de vista propio, contraer compromisos, adquirir responsabilidades; alguien crítico frente a sí mismo y ante la vida, alguien con posibilidad de pensar y de actuar por sí mismo. Es, en suma, una formación para la responsabilidad en la vida y por un compromiso con ella en tanto se crean condiciones para que se rompan los lazos de dependencia, para que los alumnos en formación puedan comprender las consecuencias del pensar y del actuar, la dimensión social y ética de la palabra, los compromisos que con ella se generan.
Es también un proceso permanente, que se desarrolla en el marco de las relaciones del sujeto con su entorno, con el otro, que se potencia en el encuentro con sus semejantes. Profundamente sensible a la situación actual que vive el país y, particularmente el Valle del Cauca, la institución quiere ofrecer a sus nuevos egresados una formación para la vida.
3.2. POSTULADOS PEDAGÓGICOS QUE FUNDAMENTAN LA CONSTRUCCIÓN CURRICULAR
El modelo se fundamenta en una concepción del currículo como campo de indagación y de experiencias, como proceso de creación permanente de conocimiento, como propuesta en la que se plasman los propósitos de la educación escolar, las condiciones de incorporación del alumno a la cultura y a la institución y los medios previstos para la consecución de los fines trazados por ella.
En tal sentido plantea una propuesta de articulación del preescolar hasta el Programa de Formación Completaría que posibilite superar la fractura entre los distintos niveles de Formación, en la perspectiva de construir una identidad definida, que le permita diferenciarse de otras instituciones escolares y tener una inscripción significativa en el mundo del conocimiento y la cultura.
Promueve nuevas formas de selección, organización, distribución del conocimiento escolar, las cuales harán parte de la vida institucional en la medida en que se establezcan y organicen todo tipo de actividades que permitan involucrar a la comunidad educativa, principalmente a los maestros, en la búsqueda de nuevas formas de pensar y construir la Escuela Normal. Es así como su Plan de Estudios es el resultado de un trabajo colectivo que ha permitido a sus maestros y directivos reflexionar sobre una nueva forma de organización de los procesos de construcción de conocimiento y de concepción de la formación de sus egresados, lo que en suma ha implicado analizar el tipo de orientación de la que se requiere dotar como institución formadora de maestros y los cambios que, acorde con ella, necesita introducir para el logro de sus fines y objetivos.
Busca igualmente propiciar nuevas formas de relación con el conocimiento escolar, de tal manera que los problemas que plantea su elaboración, a nivel de las distintas áreas y disciplinas, sean asuntos que competen a todo el profesorado, permitiendo poner en práctica un trabajo realmente integrado que promueva la interdisciplinariedad como vía para facilitar la articulación entre las áreas del saber y la construcción de una mirada holística de los problemas.
Acorde con estos planteamientos, el modelo propugna porque los futuros maestros normalistas superiores puedan tener un dominio de los conocimientos básicos necesarios para trabajar en el Preescolar y en la Educación Básica Primaria, para reconocer y conocer el entorno en que se ubica la institución; para tener un conocimiento profundo de la naturaleza y características de los problemas de la infancia, para construir las propuestas pedagógicas y didácticas que requieran su manejo y solución; para validar y renovar los modelos pedagógicos a su alcance e impulsar, con base en el conocimiento de los problemas educativos de la región, el desarrollo cultural de la misma. En el ámbito del desempeño profesional, el modelo busca que el maestro se forme con una visión amplia del mundo, de tal forma que pueda desempeñarse en los distintos campos del sector social que requieren de sus aportes, con posibilidades de desbordar el ámbito exclusivamente escolar formal.
En definitiva, se hace necesario propender por nuevas formas de organización que respondan a una manera diferente de concebir lo pedagógico y lo educativo, que garantice el desarrollo social y cultural tanto de sus maestros y directivos como de sus alumnos. Demanda condiciones, que ellos mismos puedan contribuir a crear, que favorezcan una educación para el trabajo, para la convivencia, para la indagación permanente y que permitan su crecimiento intelectual y moral, la formación del sentido de identidad cultural y regional, la identificación con el ejercicio magisterial, el desarrollo de la autonomía y la apropiación de valores asociados al arte y a la ciencia.
3.3. LAS RELACIONES MAESTRO-ESTUDIANTE
El concepto de experiencia que propone John Dewey permite pensar la relación pedagógica como un espacio donde se fomenta la posibilidad de plantear interrogantes, de crear nuevas condiciones para transitar hacia experiencias superiores. El maestro desarrolla actividades para que sus estudiantes puedan tener distintas vivencias que los enriquezcan, permitiéndoles desarrollarse tanto moral como socialmente. Teniendo en cuenta lo planteado por este autor, se quiere favorecer una práctica pedagógica en la que se generen proyectos de trabajo y de investigación que promuevan la formación de una actitud de amor y respeto por la vida, de una indagación permanente frente a la realidad, de una capacidad para asumir los problemas educativos, pedagógicos, sociales, morales y éticos de su tiempo y para reconocer y aceptar la existencia de otras formas de vivir, de sentir, pensar y aprender a convivir con ellas. Todo el esfuerzo institucional estará orientado a potenciar las posibilidades de desarrollo de quienes hacen parte de la institución, como una manera de lograr que cada uno pueda dar lo mejor de sí mismo, de cara a los problemas sociales y educativos que tiene la región y el país.
El modelo pedagógico de la Normal enfatiza, con base en el enfoque discursivo interactivo, la importancia del lenguaje y de la comunicación como generadores de nuevas estructuras de relación y de conocimiento. Por ello, el cambio en las relaciones entre los distintos estamentos de la institución y de ésta con su entorno, se propiciará a través de diversas experiencias de comunicación en las que se fomente el diálogo, en las que se creen condiciones para aprender a conversar, a comprender al otro y a sí mismo; se favorezcan aprendizajes que permitan aprender lo que significa el respeto hacia el otro, la convivencia con el otro. Se busca así el desarrollo de un espíritu de cooperación, de participación colectiva en el aprendizaje y de solidaridad social, para que en sus aprendizajes, tanto estudiantes como maestros, puedan incorporarse a sus experiencias de una manera más vivencial, más ligada con la cultura y los problemas propios de su institución, de su profesión, y de la sociedad en la cual viven y de la que hacen parte. La transformación del contexto pedagógico supone la valoración de los contenidos culturales, prácticas y problemáticas del entorno y la participación activa de profesionales, intelectuales, artistas y personas con diversos oficios y saberes que pueden hacer aportes a los procesos de formación.
El modelo pedagógico de la Normal busca la transformación de las relaciones maestro-estudiante, para que puedan, sobre la base de su reconocimiento como interlocutores válidos, participar activamente en experiencias que fomenten las competencias que se requieren para resolver problemas, mediante la acción individual o colectiva. El modelo apunta también a la transformación de estas relaciones para lograr una verdadera integración de los estudiantes en los procesos de construcción del conocimiento. Las formas tradicionales de comunicación y de interacción, donde en muchos casos no existe la posibilidad de hacer acuerdos, ni de establecer normas indispensables para la convivencia, ni hacer negociaciones, han de ser transformadas para dar paso a la constitución de nuevos espacios de aprendizaje. Exige esto, de parte del maestro, una organización de las actividades que favorezca el trabajo independiente de los estudiantes y la posibilidad de socializarse en conocimientos y prácticas que estimulen su participación en experiencias de indagación y su deseo de aprender y de tomar parte activa en procesos colectivos. Desde esta perspectiva, se destaca también la necesidad de contribuir al desarrollo de la competencia cultural de los estudiantes, quienes resuelven problemas mediante la acción colectiva. De esta manera, se los estimula para que se comprometan con los procesos educativos, contribuyan a generar cambios sociales, exploren las formas de realizarlos y analicen los efectos que pueden producir.
Teniendo en cuenta lo anterior, el modelo se orienta hacia el establecimiento de relaciones de colaboración y de cooperación a partir de un trabajo que pueda ser asumido y compartido por maestros, directivos, estudiantes, padres de familia y por otros actores sociales con condiciones de apoyar las propuestas educativas en que esté comprometida la Normal. Se resalta así la importancia de privilegiar todo tipo de interacciones que permitan fortalecer el trabajo en equipo, los colectivos académicos y la participación de la comunidad educativa en la construcción y evaluación de los proyectos que lleva a cabo la institución a través de su plan de estudios. Esto supone nuevas formas de organización académica y administrativa (gestión de los tiempos y de los espacios) para favorecer las relaciones entre maestros y directivos, maestros y estudiantes, de los maestros entre sí, de los estudiantes con sus pares, del personal administrativo con los estudiantes, de los maestros y directivos con los padres de familia, de los estudiantes con sus padres, etc.
Fundamentado en las ideas planteadas por el pedagogo Anton Makarenko, el modelo destaca la importancia del trabajo en grupo, necesario para vencer el aislamiento, para favorecer la comunicación, el análisis de las experiencias, para propiciar la construcción de conocimientos dentro de unas condiciones de trabajo que garanticen una redefinición de las relaciones pedagógicas a través de proyectos para el aprendizaje colaborativo. Desde lo planteado por Makarenko, el grupo contribuye a la educación de los estudiantes, en tanto posibilita compartir reflexiones, discusiones, construir propuestas. La participación individual juega, a su vez, un papel primordial, en la formación y consolidación del grupo y de los proyectos que adelante.
Como bien lo expresó el pedagogo Georg Kerchensteiner, al enfatizar el valor de la formación en equipo, fundamental para estimular en los seres humanos el trabajo con los demás y para la comunidad, lo esencial es que la institución escolar estimule, en vez de descuidar, “... ciertos rasgos activos del carácter de los niños, que la mayoría ya tenía cuando entró a la escuela; ante todo el valor de la independencia, el valor de la autoafirmación y las ganas de emprender algo; el valor de hacer algo nuevo y desconocido; las ganas de observar y probar; y no solamente para trabajar para sí mismo, no solamente para crecer él mismo y sobrepasar a los demás, para ser vencedor en la lucha violenta de la vida, sino especialmente para ofrecer generosamente las propias ricas fuerzas a todos los que necesitan de ellas.”[6]
Favorecer las relaciones entre pares es otro aspecto que se resalta en el modelo propuesto. Con base en los desarrollos de Vygotsky, es fundamental favorecer este tipo de relaciones entre los alumnos en tanto promueven la comunicación oral y escrita de sus concepciones e ideas espontáneas así como de los nuevos conocimientos y competencias como forma de generar nuevas estructuras de conocimiento. Dicho de otra manera, las relaciones sociales entre pares, fundamentadas en la necesidad de reconocer el papel de los otros en la construcción del conocimiento, potencia el desarrollo individual. La constitución de grupos de trabajo entre los estudiantes es fundamental para favorecer su desarrollo cognitivo y moral en tanto se reconocen mutuamente como iguales, sin jerarquías y sin autoridades sometidas a terceros. Los pares orientan, apoyan a sus compañeros, los ayudan a contrastar sus puntos de vista, a formular interrogantes, a buscar relaciones, a hacer interpretaciones y a sacar conclusiones y aplicarlas a nuevas situaciones y problemas. El aprendizaje en grupo es apropiado para la discusión y solución de problemas, para el desarrollo de un espíritu crítico, para buscar alternativas, para impulsar la participación activa de los estudiantes en su propia formación y para fortalecer las relaciones autónomas, responsables, respetuosas y argumentadas con personas de otras generaciones y con terceros.
La enseñanza que genera condiciones para un aprendizaje de este tipo posibilita interacciones inscritas en distintos escenarios de la vida social; los estudiantes se relacionan con sus pares, con sus maestros, con distintos estamentos de la comunidad educativa, con otros actores que viven en su entorno. La adopción de una pedagogía basada en la participación del estudiante permite estimular oportunidades efectivas de autonomía a partir de aprendizajes significativos en diferentes contextos y situaciones.
Es importante también que la relación maestro-estudiante se convierta en un espacio de formación en el que el primero reconozca sus posibilidades de acción sobre el segundo y tenga, a la vez, conciencia de los límites que implica reconocerlo en lo que es y en lo que puede llegar a ser.
3.4. ESTRATEGIAS Y MÉTODOS DE ENSEÑANZA
Si las relaciones maestro-estudiante han de estar basadas en el respeto al otro, en el reconocimiento de su experiencia, de sus conocimientos, de sus posibilidades de desarrollo intelectual, moral y afectivo, las estrategias y métodos de enseñanza han de definirse de modo que apunten al logro de estos fines. En tanto no existen recetas definidas, se esbozan aquí unas consideraciones, a manera de principios, cuya pretensión es la de orientar la búsqueda y elaboración de formas de enseñanza que favorezcan aprendizajes significativos en los estudiantes, proporcionando el máximo de oportunidades y posibilidades. Esto supone la coincidencia de varios elementos. Primero que todo, el maestro requiere partir de la experiencia de sus estudiantes. En este contexto, la validación del conocimiento común (no escolar) que tienen los niños como seres humanos es otro de los aspectos que el modelo resalta, como fundamental, en los procesos de construcción de conocimiento. Este reconocimiento hace posible que los alumnos puedan formarse en concepciones y prácticas que tienen una profunda y estrecha conexión con sus experiencias cotidianas, con su cultura y la comunidad en la cual viven. Para romper con el autoritarismo, con una educación enciclopedista y memorística, es necesario que el maestro de la Normal Superior estructure actividades, basadas en el conocimiento de los alumnos con que trabaja.
De otra parte, el modelo apunta a enfatizar la importancia de partir tanto de las experiencias previas de los estudiantes y de favorecer su formación a través de la discusión de su propia visión del mundo y de la vida, como de reconocer sus posibilidades de comprensión, percepción y comunicación y sus intereses y necesidades para crear condiciones que les permitan avanzar hacia niveles superiores.
3.5. EL MAESTRO AL QUE LE APUESTA LA ESCUELA NORMAL : SU COMPRENSIÓN Y LO QUE DEFINE SU SER Y SU QUEHACER
Acorde con lo planteado, el modelo pedagógico se fundamenta en la concepción de un maestro con sensibilidad para reconocer las particularidades de sus estudiantes, con voluntad para asumir de manera permanente el compromiso de evaluar sus acciones y actividades, con criterio para decidir sobre los procesos de construcción del conocimiento, con sentido de oportunidad para evaluar la obsolescencia de los saberes, con la competencia requerida para seleccionar y organizar los contenidos de su enseñanza. Es un maestro que se reconoce como mediador de los procesos formativos, en tanto genera el deseo por el conocimiento y, por tanto, con la suficiente creatividad para adaptar sus actividades y las que propone a sus estudiantes tanto a los fines perseguidos, como a las características de los contextos en que se dan. Es decir, es un maestro que asume el reto de considerar nuevas alternativas y procedimientos en sus esfuerzos por lograr que sus estudiantes, y él mismo se transformen, enriqueciendo sus maneras de pensar y actuar en el mundo. Es un maestro que capitaliza para este intento todos los recursos que ofrece la sociedad (televisión, internet, clubes, bibliotecas, juegos, etc.).
En la definición y puesta en marcha de sus estrategias y métodos de enseñanza, el maestro de la Normal se reconoce como un mediador en la transformación de las mentalidades de sus estudiantes y asume con responsabilidad este papel incrementando sus oportunidades de aprendizaje Al hacerlo, trasciende ampliamente los límites del salón de clase o del espacio institucional para crear contextos formativos en distintos espacios y tiempos sociales. De esta manera, el maestro de la Normal comprende que la cultura provee las herramientas que permiten organizar y comprender los mundos que rodean al ser humano en términos comunicables y así, por estar las significaciones culturalmente situadas, pueden ser negociadas y comunicadas.
De acuerdo con Bruner[7], las posibilidades de pensamiento de un individuo están íntimamente interrelacionadas con los medios con los cuales la cultura ayuda u obstaculiza esa realización. Estas posibilidades han de entenderse tomando en consideración que los procesos educativos de las sociedades particulares están orientados por principios, de los cuales se destacan aquí solamente los que han dirigido el análisis y las reflexiones desarrolladas en el marco de la reestructuración de la Normal , que pautan las selecciones que sus maestros hacen de las actividades propicias y adecuadas para aprendizajes significativos y perdurables:
· La puesta en perspectiva. La vida en el seno de una cultura consiste en una interacción entre varias interpretaciones del mundo; interpretaciones que cada cual deduce de su propia experiencia y que le son transmitidas por la influencia institucional. La puesta en perspectiva privilegia aquello que, en las ideas, proviene de la construcción de la significación.
· Las restricciones. Las formas de elaboración de la significación, accesibles a los seres humanos, cualquiera que sea la cultura en que se desarrollen, están sometidas a dos órdenes de restricciones: las que tienen que ver con las predisposiciones mentales y las que tienen que ver con los lenguajes que se usan.
· La aproximación constructivista. La realidad atribuida a los universos que habitan los seres humanos es producto de una construcción de significados, a la cual las tradiciones, las herramientas y las maneras de pensar propias de una cultura, han dado forma. Esa construcción de la realidad, puede llegar a transformar los valores culturales, movilizar la cultura misma, en una escala de tiempo de generaciones.
· Las interacciones. A través de la interacción con el otro, el ser humano descubre la cultura y en su apropiación comprende cómo desde ella se concibe el mundo. Las interacciones se entienden no solo en el marco de las competencias lingüísticas, sino, y sobretodo, en el marco de la disposición a la intersubjetividad, en la aptitud humana para comprender el pensamiento del otro, ya sea a través del lenguaje, de los gestos o de cualquier otro sistema de signos.
Desde esta perspectiva, para la transformación de la relación pedagógica es fundamental la instauración de intercambios que, fundamentados en la autoridad del que sabe, reconozcan los conocimientos del estudiante, condición requerida para ser validado y legitimado como alguien que participa activamente en la construcción del conocimiento. Es esta una condición esencial para instaurar las bases de la constitución de una cultura de la convivencia, y para el ejercicio pleno de la capacidad de comunicación que cada ser humano puede desarrollar. No hay que olvidar que ya en el siglo XVIII, Juan Jacobo Rousseau recomendaba a los maestros emprender el conocimiento de sus alumnos.
Desde el Modelo Pedagógico propuesto, se trata de construir experiencias de aprendizaje vinculadas con la vida, como la vía para cambiar las relaciones de los estudiantes con el conocimiento[8], proponiendo la adecuación de espacios a sus necesidades, la definición de actividades en función de sus intereses, promoviendo un trabajo de tipo cooperativo y haciendo del aula un espacio de experimentación. Con base en las propuestas de Freinet, se puede experimentar con varias técnicas creadas por él, tales como la correspondencia escolar, el texto libre, el fichero escolar, las fichas guías, entre otras.
En cualquier caso, la escogencia de las técnicas, métodos y estrategias pedagógicas, se hará cuidando de que permitan “la discusión crítica racional (en la cual los interlocutores ejercen la posibilidad de poner en cuestión y reivindicar pretensiones de validez, de comprensibilidad, de verdad, de sinceridad o de rectitud, conservando una actitud cooperativa y una disposición a no aceptar ninguna coacción distinta a la fuerza de los argumentos); la escritura que potencia la discusión crítica racional (...) y la acción racionalmente reorientada, organizada y contrastada mediante criterios racionales explícitos...”[9]
El análisis de los problemas que plantea la enseñanza de las áreas y disciplinas en las que se desempeña cada maestro, ha de realizarse en condiciones que permitan a los alumnos llevar a cabo aprendizajes orientados hacia la construcción de su autonomía. Los procesos de elaboración de conocimientos han de orientar, de manera intencionada, la búsqueda y desarrollo en cada estudiante, de todas sus posibilidades como sujeto social, partiendo de su realidad y no de la del adulto. Las estrategias, procedimientos y métodos que se empleen han de procurar la creación de contextos formativos en los que se cuestionen las prácticas que favorezcan el autoritarismo, el apego incondicional a la tradición, la imitación y la dependencia a otro.
Con base en estos postulados, el modelo pedagógico de la Escuela Normal Superior orienta toda su acción a una reflexión sistemática y permanente sobre las formas de enseñar y aprender que se privilegian en la institución y el tipo de relaciones con el conocimiento que ellas promueven. Es preciso entonces, conocer, a nivel de la enseñanza y del aprendizaje de cada disciplina y área, las maneras como se relacionan los maestros con los saberes y cómo vinculan a sus estudiantes con éstos. Es decir, de qué estrategias, medios y métodos se valen para aproximarlos al estudio y apropiación de los conceptos fundamentales de un campo. Todo este trabajo es consecuente con la idea de promover unas formas de enseñanza en cada disciplina o área, que partan de una reflexión en profundidad sobre la experiencia cotidiana del maestro, sobre sus concepciones sobre la enseñanza, el aprendizaje; sobre el conocimiento y las formas de construirlo.
Desde la perspectiva de la construcción del conocimiento escolar, se enfatiza también el valor del trabajo por proyectos. Teniendo como referente a John Dewey, quien mostró la importancia de trabajar desde esta perspectiva, se propone la cualificación del trabajo escolar a través de la realización de proyectos pedagógicos. En la institución existen antecedentes de esta forma de abordar los procesos de enseñanza, pues hay estructurados varios proyectos, actualmente en marcha, a los cuales se hace alusión en otro capítulo de este documento. La integración de contenidos ha sido un propósito que ha guiado esta experiencia, apuntando hacia la posibilidad de un trabajo interdisciplinario.
La invitación de Dewey a hacer de la escuela un campo de experimentación, es la posibilidad para el maestro de realizar experiencias con sus alumnos en las que pueda, en forma sistemática y continua, hacer una valoración de las formas de enseñanza, de diferentes métodos y estrategias didácticas. Puede así explorar la pertinencia y validez de sus propias concepciones, reconstruir su propia práctica para analizarla y así favorecer la experiencia de sí mismo. Es esta también la oportunidad de reconocer lo que es específico de su campo de trabajo, identificar formas de potenciar sus posibilidades para aprovecharlas mejor y de reconstruir su propia memoria pedagógica para interrogarla, cuestionarla, para establecer un diálogo con los pedagogos clásicos y contemporáneos, como una forma de acceder a su conocimiento y de reconocer el valor de sus reflexiones y experiencias.
3.6. CONTEXTOS DE FORMACION
El proceso de resignificación de la Escuela Normal exige la configuración de diversos contextos de formación que le permitan aproximarse a los fines por ella trazados. Estos contextos tienen una inscripción espacio-temporal determinada, que no se circunscribe a la institución; comportan unas características, cumplen unas funciones sociales e institucionales. Son lugares en los que se enseña, se aprende y se ejercita un oficio y/o un saber, en donde se hace una reflexión de las experiencias alrededor de ciertas temáticas de interés común. Son también el escenario de interacciones particulares que se construyen y reconstruyen en permanencia, a las cuales están asociadas intenciones y finalidades de formación intrínsecas, medios y estrategias, no necesariamente conscientes, que se ponen en marcha para conseguir propósitos definidos. Las características sociales y psicológicas y las representaciones de quienes conforman en un momento dado estos contextos, definen un rol determinante en el desarrollo de las interacciones y, en particular, en los procesos de construcción del conocimiento.
La importancia de estos contextos radica en que son espacios constituidos, mantenidos y fortalecidos por los propios directivos, maestros, alumnos en formación y, en algunas oportunidades los padres de familia, para crear posibilidades de diálogo con distintos tipo de experiencias educativas, con el pensamiento de pedagogos clásicos y contemporáneos, con toda índole de expresiones y manifestaciones culturales, con los problemas que plantea la cotidianidad escolar, y con aquellos que emergen en el marco de los procesos de elaboración de conocimiento. Son también espacios para recrear su propia cosmovisión, su relación con la naturaleza y con el espacio público; para soslayarse en las expresiones artísticas, lúdicas, entre otras.
Estos contextos de formación son los espacios en los que los miembros de la comunidad educativa de la Escuela Normal Superior tendrán la posibilidad de desarrollar una disposición activa frente al conocimiento; una voluntad de saber que, incentivada por otros en el proceso, abra la puerta a la posibilidad de un desarrollo ulterior para cada uno, tanto en el plano personal como profesional.
La constitución de estos espacios es en sí una experiencia formativa que, como tal, requiere de una estructura abierta a la diversidad de situaciones personales y ritmos de aprendizaje, que permita establecer una contrastación entre las demandas de la profesión y las situaciones de formación. En este proceso, la construcción de conocimientos y el desarrollo de competencias, se genera tomando como objeto de análisis los problemas que la propia experiencia ha permitido identificar como relevantes. Concebidos como espacios de diálogo y de reflexión, los contextos de formación permiten un distanciamiento crítico respecto a la realidad, a la institución, al quehacer pedagógico; propician el análisis de las condiciones institucionales, de los problemas que plantea una escuela que no es ajena a la situación de violencia que vive el país.
Estos contextos se conciben igualmente como lugares y tiempos de diálogo, en los que se retoman las experiencias pedagógicas para describirlas, analizarlas, reflexionar sobre ellas y para buscar otras maneras de hacerlas. En ellos se propicia la autogestión de las actividades, se encuentran los medios para estructurar y llevar a cabo un proyecto realmente propio, en función de las situaciones singulares en que se encuentren implicados quienes lo propongan, en función de sus propios deseos y opciones personales, y de conformidad con los recursos con que cuenten.
Los contextos de formación son espacios que se pueden crear dentro y fuera de la Normal , pero para que realmente se consideren como tales, han de existir condiciones para que los propicien. Es decir, se necesita consagrar tiempos y espacios propios para la formación, que garanticen una relación con la realidad que permita tomar distancia frente a ella, de manera que se pueda hacer un trabajo de apropiación del saber pedagógico, de la disciplina y del campo en el que se va a trabajar.
Desde esta perspectiva, es posible producir un conocimiento de la realidad en la que se va a actuar y del papel que juega el maestro tanto en el desarrollo cultural de la sociedad como en la educación de las actuales y futuras generaciones de ciudadanos.
Es en estos contextos en los que se puede tomar distancia con respecto a las experiencias vividas a través de distinto tipo de mediaciones y medios. El intercambio con otros maestros, con intelectuales, artistas e investigadores, la discusión de temas de interés común, la lectura de libros, son formas posibles de mediación que permiten producir conocimientos cada vez más elaborados, que llevan a formular problemas e interrogantes que abren nuevas perspectivas sobre lo tratado y que obligan de manera permanente a inventar nuevas soluciones para las situaciones en las que se está inmerso. Es esta la oportunidad para que maestros y alumnos puedan experimentar la posibilidad de examinar todo lo que está en juego en la complejidad de una realidad dada.[10]
Estos espacios pueden ser, entre otros, los siguientes: los Proyectos Pedagógicos, los Proyectos De Aula, el Gobierno Escolar, el Trabajo en Grupo, los grupos de estudio, las jornadas y tertulias pedagógicas, las actividades culturales, las festividades escolares, los eventos deportivos, el periódico estudiantil, la revista de la Normal Superior , las jornadas ecológicas, las visitas a museos, las pasantías en instituciones sociales y educativas, los programas de intercambio, actividades en organizaciones juveniles, en seminarios y eventos científicos y tecnológicos, entre otros.
· Con conocimiento de las culturales locales como marco de su actuación, desarrollo y proyección y con capacidad para promover su análisis y discusión.
· Comprometido con la educación.
· Proyectarse como hombre público, como ciudadano y como artífice de procesos de convivencia social
· Con sensibilidad hacia todas las manifestaciones de la vida y de su entorno, con un respeto por sí mismo y por los demás.
· Con capacidad para actuar y participar activamente en los procesos sociales.
· Con conocimiento de las culturales locales como marco de su actuación, desarrollo y proyección y con capacidad para promover su análisis y discusión.
· Con conocimiento de las culturales locales como marco de su actuación, desarrollo y proyección y con capacidad para promover su análisis y discusión.
· Con capacidad para trabajar en equipo y fomentar la conformación de grupos, como condición para acceder a una cultura del diálogo, de la expresión de la diferencia y el establecimientos de acuerdos que rijan la vida en común.
· Con conocimientos básicos sobre la problemática de la infancia, que le permitan tener conciencia del papel que juega la escuela en el desarrollo del ser humano y en la construcción del proyecto de vida de las generaciones presentes y futuras.
· Con capacidad crítica, autónomo, habituado al trabajo intelectual y con disposición de proponer soluciones a los problemas que le plantea su trabajo.
· Con capacidad para contribuir al desarrollo de competencias, habilidades e inclinaciones hacia el conocimiento de la ciencia y de las nuevas tecnologías.
· Con habilidades y aptitudes básicas de comunicación, sensibilidad y solidaridad hacia las manifestaciones de la vida que la engrandezcan y la cualifiquen.
· Con una formación en pedagogía y en didáctica que le permita relacionarse con las comunidades científicas.
Aprobado según Resolución Rectoral No. de 2011
[1] La Normal retoma el propósito de la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo al declarar que “La misión de la educación debe ser formar integralmente a los hombres y mujeres de nuestra sociedad, para hacer frente de manera creativa y constructiva a los retos que un mundo cambiante y cada vez más exigente nos plantea. Esta formación integral se refiere, por supuesto, al desarrollo armónico y equilibrado de las dimensiones espiritual, racional, afectiva, y física de todo ser humano”[1]
[2] Citado por MARTINEZ, Amparo (1989).Educación de la infancia según Pestalozzi. En Revista Educación y Cultura, Número 18, Centro de Estudios e Investigaciones Docentes de la Federación Colombiana de Educadores. Bogotá, p 147.
[3] Citado por Op. cit. p.45.
[5] KANT, Inmanuel, Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración ? En Revista de Psicología Número 3, Universidad Nacional. MCMXCV, p 7-10.
[6] Citado por MULLER DE CEBALLOS, Ingrid, (1992). “La lucha por la cultura” La formación del maestro colombiano en una perspectiva internacional. Universidad Pedagógica Nacional. Centro de Investigaciones. CIUP.1ª parte. Santa Fé de Bogotá, p 30.
[7] Bruner, J. 1996 The culture of education. London, Desarrollo cognitivo y educación, Madrid: Morata, 1988;. Car le culture donne forme à l’esprit, Paris: Eshel, 1991.
[8] El modelo pedagógico de la Escuela Normal se fundamenta también en las ideas del pedagogo Celestin Freinet, para proponer la integración del saber de la vida con el saber de la escuela. Se apunta a la modernización de la institución mediante la introducción de nuevos procedimientos y estrategias pedagógicas que permitan cambiar progresivamente, lo que este pedagogo denominó, las relaciones entre la escuela y la vida.
[9] MOCKUS, Antanas, (1989). Formación básica y actitud científica en Revista Educación y Cultura, Número 17, Centro de Estudios e Investigaciones Docentes de la Federación Colombiana de Educadores. p 15.
[10] FERRY, Op, cit. p 79.
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